Apóstoles versus Apóstatas

El edificará casa a mi nombre... (2 Samuel 7:13pp) debe ser entendido como el Mesías Corporativo, que es la Iglesia, o si se quiere, el Macho Cabrío por Azazel, el Cordero como Inmolado. Es uno, pero tiene muchos miembros; unos de ellos ministros, que son los que Imparten el Evangelio y otros de ellos láicos que son los que reciben la enseñanza o edificación, aunque al final todos son edificados, temprano y tarde. Hemos de entender la Iglesia con la envergadura del Espíritu Santo del Hijo de Dios, que lo llena todo; su primero y principal miembro, el Hijo del Hombre, autor y consumador de nuestra fe, sentado a la diestra del Padre, sus demás miembros, todos los creyentes vivos de la generación, hijos del Hijo.

Además de que el Mesías Corporativo se encuentra en El Mundo, la Santa Palabra de Dios también nos habla de lobos que se disfrazan como ovejas, y aún del mismo Satanás que se disfraza como Ángel de Luz, junto con sus ministros, los Apóstatas, que son infiltrados en la Iglesia. De manera que no nos maravillemos si éstos apóstatas asumen el control de la Iglesia, porque la Palabra de Profecía y el método de Dios para probar las cosas que hace así lo indican.

La primera generación de los discípulos de Jesús y Pablo, levantan la Iglesia Primitiva, no sin lucha. La Santa Palabra de Dios nos presenta siete (7) iglesias históricas, que son los siete (7) tiempos de prueba de la Iglesia. Como es dado en todo proceso en el que el Creador prueba lo que ha creado, la Iglesia sería cedida en manos del Enemigo por la mitad de estos siete tiempos, esto es tres (3) tiempos y medio (1/2), según se registra claramente en Daniel 7:25., que es el tiempo de la Apostasía.

La Apostasía se combina con el ataque del mundo en su primera parte, de la forma prefigurada en el hecho de que Babilonia se lleva cautivos al rey de Judá y sus principales príncipes. Las guerras judías, ya en curso en el año 64 de la era cristiana, hace de los Judíos los talibanes, terroristas y narcotraficantes del imperio, por lo que los líderes religiosos adoptan una posición contraria a las enseñanzas del Maestro por no parecerse a los judíos.

La primera etapa de la apostasía concluye con la implementación de la segunda etapa, donde el enemigo adopta su forma interna, mediante la introducción de lobos rapaces entre los corderos del Señor, hasta que se establece en el trono del Templo de Dios como Dios, aquel al que Pablo llama el Inícuo en 2 Tesalonicenses 2 como antes lo hiciera Babilonia en su segunda ofensiva contra Judá, en la que destruyó no solamente la ciudad, sino sobre todo el Templo de Salomón, hasta sus cimientos. Es de esta manera que el Señor ilustra el efecto de la Apostasía sobre el Templo de la Verdad, la cual echa por tierra de manera avasallante.

Esto es muy, pero muy importante. Es necesario que todos veamos con el ojo de la fe el Templo Celestial echado por tierra por la Apostasía, al punto en que no queda una sola verdad fundamental sin ser destruída. Un montón de ruinas donde estaba el fundamento de la Verdad, el cual es el Mesías.

EL RETORNO DE LOS EXILIADOS Y LA RESTAURACIÓN DE LA VERDAD EN DOS FASES

Cumplido el tiempo dado a la Apostasía, el mundo abre un resquicio por donde se abren camino los exiliados del Señor, como Esdras y los suyos llegando a Jerusalén, comienzan la restauración de la Verdad, por parte de los Ministros; el Juicio por Fuego, por Ministros Flama. El culto y los cimientos son restaurados.

En la medida en que los Ministros Flama multiplican el número de las iglesias, se vienen apagando, y la obra del Juicio de Fuego termina con este apagarse de los Ministros, que se hacen Laodicenses. Cada uno edifica su casa, pero la Casa del Señor es dejada desierta.

Es importante que todo creyente pueda ver el Templo de Jerusalén en el estado en que se encuentra cuando los enemigos de Judá logran detener la obra de la restauración. Solo se ha restaurado los cimientos, y es sobre estos cimientos a la intemperie en que se llevan a cabo los primeros cultos; no existe el Templo todavía. Hasta aquí la obra inconclusa de la Reforma Protestante.

El Juicio de Fuego se apaga lentamente, los Ministros pierden el ímpetu inicial autoengañados en condición Laodicense, y al apagarse las lámparas, las iglesias también duermen. Todo parece indicar que no hay escapatoria, los Ministros no podrán salir de la trampa en que han caído.

Solo el Juicio de las Aguas, de las aguas que prueban si las casas (iglesias) han sido edificadas sobre la arena o sobre la roca. Los láicos crecen en el conocimiento del Señor y comienzan a barrer con todo error en todas las iglesias, las que se resisten son abandonadas y quedan a oscuras, las que ceden por estar fundadas sobre la roca, son limpiadas y permanecen inamovibles; éstas entrarán en las bodas del Cordero. Este es el equivalente al último esfuerzo del pueblo de Dios en tiempos de Esdras, el Templo de Jerusalén, como el Templo de la Verdad, son terminados con gran y estrundente alegría.