Las Promesas de Dios acerca del Mesías

Las promesas de Dios a los patriarcas fueron bastante sencillas y generales: Como en el caso de Abraham: En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.(Genesis 22:18). Se observa que en Isaac le será llamada descendencia, y de esa descendencia nacería la simiente.

El el caso de Isaac: Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente, por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes. (Genesis 22:18-19)

En el caso de Jacob: Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. (Genesis 28:13-14)

Las Promesas de Dios al Rey David

Las Promesas de Dios al Rey David amplían grandemente el panorama, estableciendo con gran claridad la obra del Mesías. Estas promesas se resumen inicialmente en un solo versículo que dice: Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. (2 Samuel 7:13; 1 Crónicas 17:12).

El que fué proclamado Rey de Israel, fué nuestro amado Jesús (Yeshúa) de Nazaret, cuando las multitudes enardecidas y llenas de gozo coreaban, a su paso, montado en un pollino... ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (Mateo 21:9). ¡El pueblo hizo, proclamó Rey de los Judíos al Hijo de David! como más tarde quedó consignado en la cruz. Se había establecido un reino, un reino bastante débil según los hombres; desde entonces el Padre Celestial obra para la edificación del Reino de los Cielos, de ahí que lo invita a sentarse en el Trono de Adán, el que antes había usurpado la Serpiente Antigua, el Dragón.

Sin embargo el Mesías (Cristo) Jesús de Nazaret no edificó ningúna Casa o Templo para el Padre Celestial, como lo hiciera Salomón al erigir el Templo de piedras de Jerusalén. Sin embargo, con el advenimiento del Espíritu Santo Consolador de la Verdad, se inició la edificación de un Santuario Celestial, invisible, la Iglesia y Cuerpo del Mesías (Cristo) Corporativo; un más amplio y perfecto tabernáculo para morada de Dios en el Espíritu. De manera que el Mesías Corporativo está edificando Casa a Dios.