El Santuario Emanuel

En una ocasión Jesús tuvo una conversación con una mujer samaritana, y en un momento de la conversación ella le dice: Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Juan 4:20-24)

... Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.(Mateo 18:20)

Desde la inauguración del Tabernáculo, y posteriormente, cuando éste fué sustituído por el Templo de Jerusalén, éste Santuario Terrenal era el lugar único, el santuario único de Adoración al Padre Celestial. Hoy, donde quiera que se congregan dos o tres en el nombre de Jesús el Mesías, reciben la bendición de la presencia del Espíritu Santo Hijo de Dios. Éste último es el Santuario Celestial, aquel que edificó el Señor y no el hombre, mucho más ámplio y perfecto que aquel que había sido su sombra y figura. Éste es el Santuario Emanuel, Dios con nosotros, en su Espíritu.

A la derecha, el Santuario Celestial, Invisible y Eterno; inaugurado el día del Pentecostés que siguió al ascenso de Nuestro Señor Jesús el Mesías; de manera que por varios años coexistieron el Santuario Terrenal y el Santuario Celestial, hasta que el Terrenal fué destruído por los ejércitos romanos conforme a las profecías. Su ministro, y Sumo Sacerdote, no según el orden de Leví, sino que conforme al orden de Melquisedec, Rey Eterno; es el Espíritu Santo Hijo de Dios, que vino a estar con nosotros para siempre.

En la concepción de María (Lucas 1:35) se toma por bueno y válido que el Espíritu Santo concibe con ella a Jesús de Nazaret, cuando lo que ocurre es que el Espíritu Santo Hijo de Dios entra en María y toma para sí el cuerpo humano mortal recién concebido sin marido; Así será Hijo de Dios e Hijo del Hombre a la vez. Cuando Jesús está próximo a ser crucificado explica que era necesario que él se fuera para que viniera el Otro Consolador; porque alguno debía ocupar el lugar de Adán en Eden, lugar que le corresponde al Rey de Reyes. Así el Espíritu Santo Hijo de Dios desciende y suma a sí mismo los discípulos congregados en el aposento el día del Pentecostés, porque ahora tiene un Cuerpo Corporativo, de muchos miembros, el Cuerpo del Mesías y Cristo, la Iglesia y Templo del Dios Viviente.

A la izquierda, una representación de la Escalera que soñó Jacob, a la que llamó, Casa de Dios y Puerta del Cielo. (Génesis 28:10-22) a la que oponemos las palabras de Jesús que dijo a Natanael: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.(Juan 1:51) La Escalera es la Iglesia, Casa de Dios y puerta del cielo; todo por el Espíritu Santo Hijo de Dios; los que suben y bajan, los miembros de la Iglesia; arriba el Rey de Reyes y Señor de Señores, en el Trono del Edén. Todos en el Espíritu Santo Hijo de Dios. Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.(Efesios 5:30) El Espíritu Santo Hijo de Dios lo llena todo, el Eden y la tierra.