Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea

Apocalípsis 1 al 3, y la Parábola de las Diez Vírgenes de Mateo 25:1-13, se constituyen en los contextos primarios para la correcta interpretación del Mensaje que dirige el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero al Ángel de la Iglesia en Laodicea. Sin embargo el fundamento de todas las Sagradas Escrituras se encuentra en el Sermón del Monte del Mesías (Mateo 5-7). El tiempo 7) Laodicea, se inicia cuando todas las vírgenes duermen junto a sus diez lámparas apagadas, donde nadie vigila.

Como ladrón en la noche, se escucha un clamor que anuncia: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! (Mateo 5-7). En el Sermón del Monte el Señor nos brinda la parábola del Siervo Vigilante (Lucas 12:35-40), y estas siervas son halladas durmiendo el sueño de su apostasía; son sorprendidas por causa de su ignorancia de las señales de los tiempos.

El Juicio comienza por la Casa de Dios

Cinco Vírgenes Prudentes

La necesidad de "arreglar" las lámparas hace evidente que existía una diferencia entre las diez (10) vírgenes, se descubre que habían cinco (5) vírgenes prudentes y cinco (5) insensatas, lo que no se había notado hasta entonces.

Esta es la segunda parte del Juicio en la Casa de Dios, por zarandeo, como cuando se separa el trigo de la paja, quedando cinco (5) virgenes prudentes dentro y cinco (5) vírgenes insensatas fuera como la paja. La primera parte el Juicio por fuego, la segunda parte, el Juicio por las muchas aguas, donde las casas levantadas sobre la arena por edificadores insensatos, caen estrepitosamente, mientras que las casas levantadas sobre la roca por los edificadores prudentes, permanecerán para siempre, y entrarán, como Iglesia Triunfante unificada, en las Bodas del Cordero.

La parábola profética de las diez (10) vírgenes, nos narra una historia acerca de las sectas, y cómo se entrará a las Bodas del Cordero. Esto es para que se haga contraste con tantas profecías particulares de las sectas que describen un futuro diferente, lleno de soberbia, por cuanto les coloca por encima y en el centro de todas las demás sectas, que para acceder al cielo verían que esta, su profecía particular es la verdadera, mientras que las profecías de las demás era falsa o al menos errada.

Cinco Vírgenes Insensatas

Juicio es por infracción a un Mandamiento del Señor.

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. (Mateo 7:1-2)

El sectarísmo que resulta de la particular interpretación de la Santa Palabra de Dios manifiesta en muchos grupos, tiende al 'adoctrinamiento' y al 'fanatismo' que se define como una condición de la mente y del corazón donde se entiende que se es poseedor de la única verdad eterna e inmutable, en relación con toda otra creencia, que por defecto comparativo, viene a ser errónea por definición. Lo que creo es verdad, lo contrario es error, apostasía, falacia.

De esta manera, la interpretación particular de la secta, sus creencias particulares, se convierte en una Vara de Medir, en la Medida que utiliza el Ministerio y sus fanáticos, para establecer la veracidad o falsedad de las creencias ajenas, de afuera. Lo cual se repite descaradamente desde los púlpitos con escasas excepciones, en críticas de adoctrinamiento más que de enseñanza.

Cada vez que el ministro, compara su creencia verdadera, con la creencia falsa de los de afuera, está mirando el ojo de su hermano ministro, y está señalando la existencia de pajas en su ojo del entendimiento o de la interpretación de las Sagradas Escrituras, lo que es imitado por todo feligrez así fanatizado en todo tiempo y lugar, 'luchando por su fe'. De esta manera, ninguna crítica a sus creencias es válida o aceptable; "Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad" (Apocalípsis 3:17), y con eso establece que además "no echas de ver la viga que está en tu propio ojo" (Mateo 7:3)

¿Qué dice el Señor que se haría con quien juzgara de esta manera?

Pues el Espíritu Santo Consolador, el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero, le escribe al Ángel de la Iglesia en Laodicea, juzgándolo con la misma vara que juzga a sus hermanos, y con el mismo juicio con el que lo ha estado haciendo, para condenar; sin embargo la Misericordia de Dios se manifiesta en el mensaje una vez más, aconsejándole, ofreciendole las vías de sanidad, invitándolo a abrirle para entrar a su secta, y cenar allí, y permanecer allí, para siempre.