El Divino Maestro y Sumo Sacerdote

Esta historia comienza cuando el Creador promete al Rey David lo siguiente, acerca del Mesías: Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. (2 Samuel 7:12-16)

Algunos creerán que la casa en referencia fué el Templo de piedras de Jerusalén, y el descendiente de David fué el rey Salomón, que lo edificó. Sin embargo en Efesios 2:19-22 el apóstol Pablo dice a los gentiles: Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. ¿Cuál sería ese edificio espiritual, que es Templo Santo en el Señor?

En otra parte dice: Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. (1 Corintios 3:9-11). ¿Y qué es este otro edificio en construcción en el primer siglo de la era cristiana?

Ésta es la Obra del Divino Maestro Constructor, el Espíritu Santo Consolador de la Verdad, Sumo Sacerdote en su casa para siempre. Es Él, que desde el primer día del pentecostés: Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; (Efesios 4:11-13)

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: (Juan 14:16) He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el Templo de Jehova. Él edificará el templo de Jehova, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos. (Zacarías 6:12-13) El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. (2 Samuel 7:13).

Es grato, de gran gozo, presentar la Santa Palabra de Dios y solo a ella para poner en evidencia su verdad tan elevada. Israel esperó un Mesías que ganaría todo el mundo mediante la guerra, y no mediante el Amor; Israel aún espera la edificación del Templo del Mesías, sin percatarse de que en el plano espiritual, este Templo ya fué edificado, destruído y hoy se encuentra en la segunda fase de su reedificación. Y ésta es la Obra del Espíritu Santo Hijo de Dios en medio de los siete candeleros de oro.